Valle de Nentir

En Vientoalto

Al fin, tras el azaroso viaje, los héroes cruzan la primera barrera de montañas hasta el valle del otro lado… para encontrarse un paraje igualmente yermo y frío. A medida que se acercan a Vientoalto, nada en el paisaje indica que el pueblo fuera el refugio y el lugar de solaz que se rumoreaba. El único habitante que les recibe, al alcanzar las primeras casas del fondo del valle, en la ribera de un majestuoso lago, es un perro hambriento que olisquea por si algo de comida pudiera caerle.

Sin embargo el pueblo dista de estar abandonado, aunque muchos signos indican una reciente emigración. Volutas de humo todavía emergen de las chimeneas, pero los habitantes se hallan encerrados detrás de puertas selladas y contraventanas afianzadas, y no parece que sólo huyendo del frío.

También parece que hoy es día de mercado. Un repentino griterío del interior de Vientoalto les alerta. Parece ser que una banda de criaturas vampíricas está atacando al pueblo! Los héroes resuelven la situación con valentía y destreza, aunque la magnitud del ataque es tal que es imposible que puedan salvar a todos los locales.

A pesar de la desgracia, el anciano Reynhold junto a buena parte de los habitantes, les brindó una efusiva y agradecida bienvenida. Llevándoles inmediatamente a la sala común del pueblo, que hace las veces de taberna y sala de reuniones. Todo el pueblo se congregó allí, esperando que fueran los salvadores que tanto anhelaban, especialmente cuando dijeron que venían de Fallcrest. Pronto los ánimos se ensombrecieron cuando supieron del destino de los clérigos de Bahamut. “Con ellos muere nuestra última esperanza”, dijo el anciano, “pues ellos nos trajeron aquello que ha revivido este pueblo estos últimos años: la llamábamos la Estrella del Verano, y ahora nos ha sido robada”. Se trataba de una reliquia del templo, con poderes prodigiosos que trajeron el buen tiempo, las cosechas y la caza. Hace 9 meses, una incursión de estos seres vampíricos, orquestados por la que llaman la “Niebla Cadavérica” se hizo con el artefacto. No contentos con eso, han estado acosando a la población hasta su práctica desaparición.

Los héroes comprendieron que este sería el artefacto que podría librarles también de la maldición, pero sin la ayuda de los sacerdotes, ¿podrían hacer uso de él?

Durante estas conversaciones, una extraña criatura humanoide hecha de piedra entró en la sala. Calel la reconoció como un homúnculo: un familiar típico entre los magos de Nerath.

Los habitantes de Vientoalto le expulsaron inmediatamente, increpando a su “amo”, por no acudir en su ayuda durante estos meses de necesidad.

Mediante un truco, los héroes consiguieron que el homúnculo les llevara ante su amo. Se hallaba en una austera pero sólida morada de piedra, en las afueras. Al entrar en la casa, descubrieron que el mago no era otro que, Cerac, el padre de Calel! Era una sombra de lo que fue, habiendo perdido una mano y el ojo: claramente habiendo dedicado su mente y cuerpo a Vecna, dios de los Secretos, la Magia y la Nigromancia. Vivía también en una sombra de lo que fue su casa en la ciudad de Nerath: antiguos tapices y escudos colgaban de las paredes, y estanterías con buenas pero añejas maderas albergaban incontables pergaminos y libros. Pareció alegrarse sinceramente con el reencuentro con su hijo, aunque el sentimiento no era recíproco. Al parecer, se marchó de Nerath, impelido por la necesidad de aumentar su maestría mágica buscando otros horizontes, más allá de los ya mohosos conocimientos de la orden de Nerath, lo que le llevó a entrar en contacto con Vecna. El dios le mostró que el conocimiento y la información otorgan el verdadero poder. Pronto lo demostró al saber las razones por las que se hallaban allí. Cerac les habló entonces de la piedra del Caos, de la cual habían oído hablar de boca del tiefling en el templo unos días atrás. Conocía su paradero, pues había descendido de los cielos unos años atrás para alojarse en este valle, y por eso el propio Cerac había acudido allí. Ofreció a los héroes una manera definitiva de terminar con la maldición (incluso con el propio Orcus?) a cambio de que recobraran esta piedra para él. La negativa de Calel casi desemboca en un duelo entre padre e hijo pero, lograron marcharse antes de que fuera a peor… “Volveréis” decía al final Cerac.

A la mañana siguiente, tras hablar con el anciano sobre el paradero de la guarida de los vampiros, Reynhold les dijo que lo poco que habían averiguado es que se escondían bajo la maldita Espira Negra, un pico hecho de una roca antinatural de color obsidiana que se alzaba en las estribaciones del otro lado del valle. Algunos ya habían viajado hacia allí, dispuestos a acabar con la plaga. Ni que decir tiene que ninguno regresó.

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cidcampeador

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